Vamos a comernos el mar

Tras haber probado su magnífica ensaladilla rusa, conociendo su trayectoria profesional y después de leer y escuchar tantos piropos hacia la cocina de Vicente Patiño, teníamos claro que Saiti debía ser una de nuestras siguientes visitas. La noche que por fin pudimos probarlo, después de degustar su menú y algún entrante de la carta que no quisimos perdernos, esta sensación fue la que nos invadió: nos acabábamos de comer el mar.

Ensaladilla rusa de Saiti

Lo que más nos gustó de hablar con Vicente tiempo después fue que nos contara que su máxima es lograr que los comensales que pasen por su local sepan reconocer perfectamente dónde están comiendo, en este caso, en el Mediterráneo. Nos quitamos el sombrero, chef, nosotros así lo sentimos, y los platos que probamos nos hicieron disfrutar de esa sensación. Las navajas estaban deliciosas, la manera de presentar las clóchinas, la más original que hemos visto nunca.

Navaja de Saiti

Su carta nos anuncia que lo que vamos a encontrar en Saiti es una “experiencia para el paladar”. Vicente nos cuenta que él es mediterráneo 100% y que por ello en esta, su casa, el 90% de su cocina es “mar puro y duro”. Lo ideal es decidirse por una de las dos opciones de menú, el menú Saiti, con cinco entrantes y un postre con un precio de 25 euros, o el menú VP, cinco entrantes, pescado, carne y postre, por 35 euros. Un ejemplo del primero incluiría ensaladilla rusa, consomé frío de caballa y hongos, ceviche de navajas y boniato, sardina a la brasa con merengue de tomate helado y clóchinas con apio y codium.

Vicente Patiño. Saiti
Junto al menú, las saiti-cocas merecen una mención especial. Las hay de alga, berenjena, capella y allioli; de steak; y de anchoa y tomate confitado.

Saiti

Además de la comida, Saiti tiene otro punto muy atractivo: el propio local. Empezando por el suelo o los elementos de madera, continuando por el llamativo mural de una de las paredes o la enorme fotografía de la entrada, y terminando por esos grandes libros de temática gastronómica que se apilan en la estantería a la derecha de la sala: “La cocina de Santi Santa María”, “Els nostres menjars”, “Un día en el Bulli”, “Noma. Tiempo y espacio en la cocina nórdica”; “Eneko Atxa. Azurmendi”; etc.

Saiti

Y un último apunte. Aunque nosotros no lo hicimos, puede ser interesante pedir cenar en la barra, para desde allí, poder ser testigos del ritmo frenético de cocina.

Vicente Patiño. Saiti

Saiti. Calle Reina Doña Germana, 4, Valencia.

Horario: domingos cerrado

Creativiñam

Dicen de él que es un restaurante un tanto gamberro, que ofrece la mejor relación calidad precio de la ciudad y que sorprende a quien lo prueba. Nosotros teníamos muchas ganas de ir a Ciro y tras la efusiva recomendación del chef Jordi Ferrer, así lo hicimos. Veredicto: cenamos realmente bien, con un menú de seis tapas, un plato principal y los postres, y lo que más nos gustó fue que cada “pieza” de esa lista conseguía que quedáramos ansiosos por descubrir la siguiente.

Trinxat de patata y bacalao de Ciro

Al frente de Ciro están Julio Colomer y su mujer Inés, acompañados por un equipo que ha conseguido crear un magnífico ambiente entre ellos y por extensión con los clientes. En una breve conversación con Julio no son pocas las veces que se le escucha pronunciar una misma idea: “nuestra profesión consiste en hacer feliz a la gente. Dar de comer es lo que nos da la vida a los cocineros”. Él sabe de lo que habla, ha trabajado durante muchos años en diferentes restaurantes con Estrella Michelin y hace tres años por fin decidió montar su propio proyecto, en su ciudad y en su barrio.

Julio Colomer

Si pedimos a Julio que nos defina su cocina, seguro se valdrá del término que han creado a propósito para ello: creativiñam: cocina con un punto creativo, y además, “fresca, mediterránea y que respeta mucho el producto”.

Restaurante Ciro

Dos notas a tener en cuenta. No hay que dejarse llevar por las apariencias, como dicen ellos “el rótulo de neón de la entrada frivoliza el contenido”. Ciro no destaca por su diseño o su decoración sino por la calidad de su cocina y, como hemos comentado al principio, por su magnífica relación calidad precio.

Y segundo, el sistema con el que funciona desde el principio es el de los menús (siempre con la flexibilidad de preguntar al comensal si padece alguna alergia o intolerancia o si hay algún alimento que no le guste), menús eso sí, que se varían a diario.
Entre semana a mediodía podemos pedir el de 12, de 14 o de 16 euros, con uno, dos o cuatro entrantes respectivamente, un principal a elegir y tres postres; y por la noche sí hay una pequeña carta donde se puede elegir entre una docena de tapas.
El fin de semana el menú de mediodía cuesta 17 euros y el de la noche, que fue el que nosotros tomamos, 22.

Restaurante Ciro en Valencia

Para concluir, ¿alguna pista concreta sobre las opciones? Ahí van: caballa en escabeche, gambita frita, tosta de allioli, trinxat de patata y bacalao, piruleta de langostino, una deliciosa presa ibérica con parmesano y trufa, pulpo a la gallega, salmón ahumado, clóchinas con ají y crema de aguacate, etc.

Restaurante Ciro

Ciro. Plaza Papa Juan Pablo II, 4, Valencia.

Q de exquisito

Las expectativas ante nuestra visita a Q de Barella (léase ba-re-lla, con ll de llama) eran altas, muy altas (cómo no, era la casa de Quique Barella) y hoy podemos asegurar que se superaron. Nada más entrar por la puerta, primer punto positivo, el local, decoración cuidada con toques divertidos como una foto enorme de dos niños y un chimpancé, una puerta roja con un mensaje de “Keep calm” adaptado al entorno, o una llamativa letra Q roja e iluminada decorando una de las paredes.

Restaurante Q de Barella

Segundo aspecto destacable, de los que te confirma que vas a querer volver pronto, la carta. Pufff, ¡qué carta!: ostra valenciana con chufa, canela y limón (4 euros); calamar de playa con espuma de patata, jugo de pollo asado y aire de cacao (10 euros); caballa en medio salazón de hierbas con berenjena ahumada (7,50 euros); anguila con guiso de pata de ternera (6,50 euros); pulpo con almendras y moscatel (10 euros); ortigas de mar en tempura con romesco (un bocado delicioso, por cierto. 11 euros); rabitos de cerdo con lechuga y cilantro (11 euros); merluza con cous cous de coliflor y brócoli (12 euros)…

Pulpo de Q de Barella

Tras suspirar y poner en marcha el proceso de decisión, un tercer punto reclama tu atención, el equipo de sala, con Elsa, la mujer de Quique, a la cabeza: amables, profesionales y a la vez cercanos, el equilibrio perfecto.

Y cuando cenas llegan el cuarto, cómo has disfrutado, y el quinto, ese dulce descubrimiento, la torrija de orxata con helado de canela (6 euros), uno de esos platos por los que merece la pena visitar un restaurante. Jugosa, sabrosa, riquísima… tanto que en un primer momento no aparecía en la carta de Q de Barella y los clientes, que ya la conocían de la etapa del chef en El Alto de Colón, le exigieron que la incluyera (gracias a ellos por la insistencia, de corazón, bueno, o de estómago que viene más al caso).

Torrija de Q de Barella

Y con todo ello, solo te nace exclamar “¡qué a gusto hemos estado!”, y a continuación, después de hablar con Quique y saber que ese es su objetivo, que quien entre a comer al restaurante se sienta como en casa, solo te queda darle la enhorabuena y gritarle “¡prueba superada!” al más puro estilo Ramón García.

Q de Barella

¿Cuál es su secreto? Su trayectoria, desde luego, haberse encargado durante casi una década de la cocina de los restaurantes del Grupo El Alto, tras haber pasado además por templos como el Celler de Can Roca, lugar donde afirma que le “picó el bicho”, ese cosquilleo que tras experimentar la presión, el nivel de creatividad y trabajo de entornos tan potentes como la casa de los Roca, no te deja jamás y te impulsa a amar más si cabe el oficio.

Quique Barella

Junto a la experiencia y el amor por la cocina, las claves para que Q de Barella guste tanto pasan por contar con un buen producto y respetar la tradición, pilares sin los cuales sería imposible, asegura Quique, crear nada. Sobre esa base, él construye una cocina valenciana moderna, con toques de autor pero fuertemente enraizada. Para probarla, hay dos opciones, pedir a la carta o dejarnos conquistar por su menú “Jocs de cuina XL” (aperitivo, tres entrantes, pescado, carne y dos postres, 39,50 euros). Sea como sea, lo cierto es que la sensación no varía: la casa de Quique es uno de esos sitios que te alegra tener cerca.

Anguila de Q de Barella

Q de Barella, calle Finlandia 7, Valencia.

Horario: de lunes a viernes mediodía y noche. Sábado noche. Domingo cerrado.

La paella, en casa y en Mas Blayet

Desde que empezamos con la aventura del blog nos ha estado atormentando una cuestión: “escribimos sobre propuestas gastronómicas en Valencia y no hemos mostrado ningún local donde comer una buena paella valenciana en la ciudad…”. Con la responsabilidad que sentimos con cada artículo que publicamos nos resultaba muy complicado, aunque parezca mentira, poder recomendar con tranquilidad un restaurante donde poder comer una buena paella, que supiera a paella y que estuviera hecha a la manera tradicional. Es triste, pero no encontramos muchos lugares así en la ciudad.

Paella valenciana de Mas Blayet

Hoy por fin nos quitamos esa espinita. Sabemos que la paella que a los valencianos nos gusta es la de casa, pero, porque siempre está bien tener algún lugar de referencia, la de Mas Blayet nos parece una muy buena opción.

Mas Blayet es un restaurante de cocina valenciana. Con la experiencia de Blayet, abierto en 1935 por sus bisabuelos en el Perellonet, Amparo y Belén decidieron arrancar hace tres años el proyecto de este segundo local y ubicarlo más cerca de sus clientes habituales, en Valencia. Con trabajo y una buena remodelación, una antigua vaquería se convirtió en lo que hoy es el restaurante, con un luminoso porche cubierto, una decoración cuidada y una bonita y acogedora planta superior.

Restaurante Mas Blayet

En cuanto a la comida, a los entrantes de la carta (croquetas, esgarraet, tartar de atún, lomos de sardina macerados con teja de parmesano en carpaccio de berenjena…) les acompañan arroces melosos (de cangrejo, de bogavante, de galeras y níscalos, con rodaballo…), guisos como el allipebre y arroces secos (paella de bacalao, arroz al horno, a banda, de marisco, negro, de langosta, paella valenciana…). Sigue leyendo

Hoy conocemos a… Jordi Ferrer

Hoy, y mientras recopilamos nuevos lugares para mostraros, inauguramos sección en el blog. Seguimos hablando de gastronomía, sí, aunque el protagonista no es un restaurante sino una persona, en esta ocasión, una persona de esas que te gusta (y mucho) conocer: Jordi Ferrer, Jordi Freecook en el ámbito gastronómico.

Freecook

Nuestra cita es en la cocina del restaurante Nou Gourmet. Desde que empiezas a hablar con él, Jordi transmite sensaciones positivas, es simpático, sonriente, atractivo, didáctico, profesional… Tan solo un punto negativo planea sobre su figura: es tal conocedor del panorama gastronómico que cuando empieza la conversación y le consultas, surge el problema; si te decides a probar todas sus recomendaciones puedes ir pensando en ahorrar, no porque únicamente recomiende restaurantes de precio elevado, para nada, sino porque conoce tantos locales y habla de ellos con tanto amor y seguridad que no puedes más que desear probarlos todos.

Freecook-4

¿Por qué hemos decidido hablaros de él en Gourmetvalencia? En primer lugar porque es una enciclopedia gastronómica andante y por tanto una excelente referencia. Ha pasado por el Bulli de Adrià, Akelarre de Subijana o Arrop de Ricard Camarena; ha participado como profesor en la Escuela Masterchef; es director del Área Gastronómica en GASMA, el grado universitario en Gastronomía y Management Culinario que arrancará el próximo curso en Castellón… Sigue leyendo

Las pizzas más exóticas de la ciudad

La Dante, clásica, con tomate, mozarella y albahaca; la Bjork, con salmón y huevas de lumpo; la Ghandi, con espinacas cocinadas al estilo indio y baba ganoush; la Che, con carne de cerdo a la cubana y plátano macho frito; la Poulidor, con magret de pato y manzana; la Ho Chi Minh con pollo, gambas, leche de coco y curry… Así son las pizzas que preparan Karine y Sebastien en Pink Flamingo, un local con estilo propio, decorado con baldosas blancas y negras, vinilos en las paredes, cajas de cartón de color rosa, flamencos en la barra, y su toque, el de una pareja simpática y divertida.

Equipo de Pink Flamingo

Pink Flamingo nació en París y Karine, parisina de nacimiento que había vivido algunos años de su juventud en Valencia, unió su deseo de volver a esta ciudad con la idea de abrir aquí una de estas originales pizzerías y así lo hizo: se mudó y abrió la franquicia donde hoy nos recibe. Tiempo después, Sebastien, amigo de la infancia, vino de visita y nunca se marchó. Hoy forman un tándem sentimental y profesional con muy buen feeling.

Pink-Flamingo-pizzera

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Uno de los restaurantes más bonitos del mundo

El restaurante del que os vamos a hablar hoy es, ante todo, bonito, tanto que la editorial Taschen dice de él que es uno de los 100 restaurantes más bonitos del mundo y lo incluye en su libro Restaurant & Bar Design (elaborado a partir de los proyectos seleccionados en los premios The Restaurant & Bar Design Awards) en el que recoge establecimientos de todo el planeta que destacan por su espectacular diseño.

Restaurante-Alma-del-temple

En el caso de Alma del temple, obra de Francesc Rifé Studio, la belleza es denominador común en la estética general del local, sí, pero hay dos elementos en concreto que a nosotros nos han llamado especialmente la atención. El primero es la manera como se han integrado en el conjunto los restos de muralla árabe que rodeaba la ciudad en el siglo XII y que encontraron al empezar a construir el restaurante. La muralla actúa como pared, como separador de espacios e incluso asoma bajo paneles acristalados incrustados en el suelo.

Muralla árabe en Alma del Temple

La muralla es un elemento de tanto peso en el restaurante que también ha servido de inspiración para los chefs a la hora de elaborar alguna de sus creaciones. ¿Una muestra? Este postre bautizado como  “la muralla árabe”. Sigue leyendo