Origen Clandestino

Comprobar que vives a 10 minutos de uno de los locales que más suena últimamente en los corrillos gastronómicos es para nosotros una gran noticia. “Algo muy interesante se cocerá allí”, dijimos, y para allá que fuimos a probar los sabores de Origen Clandestino. Tras la experiencia, solo podemos gritar: ¡gracias Origen Clandestino por abrir tan cerca de casa!

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Junior Franco, un colombiano de 29 años y capitán del local, decidió abrir a principios de este año su taller gastronómico, el lugar donde a partir de su experiencia y bagaje va trabajando en búsqueda de su propia filosofía, de su estilo particular. Nos explica que el nombre deriva de su afán por llegar a las bases de las recetas y trabajar sobre ellas hasta volverlas suyas.
Durante toda la conversación transmite su entusiasmo por la gastronomía, por el ritmo trepidante de cocina. Su mañana comienza, nos cuenta, visitando el Mercado Central porque “no hay mejor manera de cargarse de energía para arrancar la jornada y ponerse a cocinar”.

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A la pregunta de cómo es la cocina de Origen Clandestino, responde con tres conceptos: base española, pronunciados toques latinos y pinceladas de cocina oriental. No podía ser de otra manera, en su misma persona se conjugan esos tres conceptos: el sabor colombiano lo trae de origen, la técnica la ha afinado en España a través de su formación y de su paso por restaurantes como Diverxo o Suculent, y los matices orientales lo conquistaron desde que aprendió su importante potencial en la cocina.

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Algunos de los platos más representativos de esta fusión, el pulpo en sancocho de oreja de cerdo curada en pimentón de la vera y guacamole con ají amarillo (14 euros) o el marmijapo nikkei, un producto, dos recetas: la sabrosa y templada unión entre el marmitako del norte y el tartar de atún (15,50 euros).

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Y ya que hemos entrado en materia, seguimos con la propuesta. En Origen Clandestino hay menú de mediodía, tres menús degustación diferentes (5, 7 y 9 platos más postres) y carta (expuesta en la pizarra que hay sobre la barra). Si nos decantamos por esta última opción podemos escoger entre aperitivos (croqueta de pollo al curry tailandés o arepa manchega ibérica, por ejemplo), entrantes (como el ceviche de quisquilla, lulo y yuzu o mejillones en salsa verde mexicana), pescados (como un riquísimo latincrab con una salsa que se puede rebañar con la mazorca que lo acompaña y que a nosotros nos encantó) y carnes (como el rabo de vaca con cerveza, ají y hoja de plátano).
Y un chivatazo más, venga, el plato preferido de Junior, el último bocado que han añadido en la carta: la anguila glaseada con tamarindo y caña de azúcar.

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Para finalizar, nuestra recomendación, probar su sorbete de mango verde con sal, pimienta y flor eléctrica, un postre con tradición (al salir del colegio, los niños colombianos tomaban habitualmente mango verde según nos cuenta Junior), de sabor colombiano y muy original entre otras razones por la leve sensación de hormigueo que produce la flor eléctrica en la lengua (6,50 euros).

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Gracias a Eugenio Viñas por descubrirnos en uno de sus artículos este local, y a Vicent Molins y Jesús Trelis por crearnos en los suyos la necesidad imperiosa de no dejar pasar más tiempo sin probarlo.

Origen Clandestino, c/ Cardà 6, Valencia

Horario: de miércoles a sábado de 13:00h. a 16:30h. y de 20:30h. a 0:00h.
Domingo a mediodía
Martes noche

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3 pensamientos en “Origen Clandestino

  1. Pingback: Ceviches, causas y anticuchos | Gourmetvalencia

  2. Reservamos con 10 días de antelación ya que el sitio es diminuto para cenar el viernes 3 y celebrar un aniversario. Nos llamaron el mismo día del restaurante para confirmar. Confirmamos. Por un problema personal de última hora llegamos a las 21:35 en lugar de a las 21:30 que era la hora de nuestra reserva. Cuál fue nuestra sorpresa cuando al llegar acababan de ocupar nuestra mesa unos señores. Nos sacaron fuera y nos dijeron que si esperábamos podríamos comer fuera en la ventana cuando se fueran los señores que la ocupaban. Les mostré mi indignacion y nos contestaron con prepotencia y desdén diciéndonos que les importaba poco nuestra opinión ya que la gente “iba allí por la calidad de su comida”. La comida no puedo opinar pero el trato como para no recomendarlos a nadie. Hay muchos sitios buenos para cenar en Valencia como para ir a este tugurio. Por cierto comimos en la Abadía de Espi magníficamente como en otras ocasiones.

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